La dignidad no es negociable…

En mi último escrito, me expresé sobre los ataques anónimos en las redes sociales. Lo que pasó anoche tuvo una satisfactoria resolución – por la humildad demostrada – pero no siempre es así. Casi siempre me remito a la dignidad del silencio que es más poderosa que la maldad de sus acciones. Pero hay veces que tenemos que confrontar ese miedo – que por ignorancia algun@s sienten – con la valentía de la razón.

En este caso, como en muchos otros, prevaleció el entendimiento de que aunque existe una libertad de expresión, ésta no puede poner en peligro a otras personas, ni ser utilizada para degradar, mancillar, humillar o violentar la dignidad de nadie. Esa dignidad no es negociable.

Quien me conoce, sabe que tengo un sentido del humor extraordinario y como much@s, tuve que aprender – tras equivocarme – que ese sentido del humor no puede basarse en atacar la dignidad o la humanidad de otra persona. Lo aprendí al reconocer que no es gracioso burlarse de nadie por su identidad y lo aprendí del dolor que causan los ataques indignos a nuestras identidades.

Por la naturaleza de mi lucha y de lo que he compartido públicamente, he aprendido a tener el cuero duro y aguantar todo lo que se me tira en contra – que en la mayoría de las ocasiones no es personal, aunque se haga de manera personalista. Esos ataques provienen del miedo, de los prejuicios que nos han sido endilgados por tantos años y que son difíciles de desarraigar.

Por eso nuestra respuesta a esa ignorancia, tiene que provenir del amor – con firmeza y entereza – pero del amor. Por eso tenemos que seguir luchando y educando para que se reconozca, respete y valide la dignidad de cada ser humano. Por eso tenemos que continuar caminando – con nuestra frente en alto – como ha hecho tanta gente valerosa en el pasado, que ha vivido situaciones similares y finalmente se ha tenido que reconocer su humanidad.

“Querer ser libre es empezar a serlo”, decía Betances. Un@ es libre cuando se reconoce como un ser humano que saber SER humano. Y eso también implica – como tal vez alguien hizo contigo – darle el espacio y ayudar a otro ser humano para que se despoje de sus miedos y que te reconozca como el ser humano que eres. Al fin y al cabo, hay algo que nos une a tod@s y es esa dignidad humana que nunca – NUNCA – es negociable.

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