No tengo pico ni plumas…


No tengo pico ni plumas

Pedro Julio Serrano
Activista de Derechos Humanos

El Nuevo Dia
Columnas
12 de abril de 2007

Como todas las madrugadas, me acerqué a mi computadora y a las 12 de la medianoche empecé a leer la edición de El Nuevo Día. De momento quedé frío, leí el título de una de las columnas y automáticamente me acerqué a un espejo y no encontré un pico en mi cara, tampoco alas, mucho menos una cola y por supuesto que ninguna pluma. Inmediatamente recordé lo doloroso que es escuchar y sentir cuando se utiliza el peyorativo de “pato” para degradar a la gente gay, tratar de humillarnos, deshumanizarnos.

Todavía hay noches en que me despierto sudando y gritando por las pesadillas que me recuerdan aquellos hombres armados que me gritaron “canto de pato, te vamos a limpiar el pico”, momentos en los cuales estuve cerca de ser asesinado. Me refugio en los brazos de mi compañero, Steven, pero la imborrable huella de la intolerancia, el odio y la homofobia perdura en lo más profundo de mi ser.

Soy afortunado, tengo un compañero al que amo y me ama incondicionalmente, una familia que no tan sólo me acepta, sino que se ha unido a mi lucha por la igualdad, y amigos extraordinarios que enriquecen mi caminar.

Pero ¿y qué de aquéllos niños que no entienden por qué le llaman ‘pato’, por qué no los dejan jugar con los demás nenes, que sufren humillaciones y a veces hasta violencia porque no se conforman al estereotipo de lo que un niño ‘debe ser’?

Hay jóvenes que se suicidan sólo por el hecho de que fueron llamados “patos”. Y según estadísticas gubernamentales, se estima que la comunidad gay es entre un cinco a un diez porciento de la población, pero constituimos el 40 porciento de los jóvenes deambulantes, precisamente porque su familia no quería un “pato” en la casa.

Hasta que en Puerto Rico no se reconozca que la homofobia es un mal social, que en los medios no se puede seguir utilizando esta palabra livianamente como si no afectara a seres humanos. Hasta que los fundamentalistas no sigan enriqueciendo sus arcas a costa de la homofobia y la intolerancia, hasta que no ocurra un crimen de odio más, que a mi no me llamen “pato”.

No tengo pico, no tengo plumas. Soy un ser humano.

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