“El amor ha triunfado”: esperanza en la primera boda masiva gay en Puerto Rico…

11882871_10155896685100177_261144950_oPor David Cordero Mercado | Diálogo

Eliseo Natal y Charlie Martínez celebrarían el próximo 16 de septiembre, 41 años de convivencia como pareja. Sin embargo, la fecha de ayer, justo un mes antes de su aniversario de pareja, otorgó un significado distinto a su calendario, uno mucho más abarcador. Y es que Natal, de 66 años, y Martínez, de 64, casi habían perdido la esperanza de ver en vida la celebración de su matrimonio “con todas las de la ley”.

Pero eso cambió ayer, cuando la pareja residente de Río Piedras contrajo matrimonio en la histórica boda masiva gay, la primera que se lleva a cabo en Puerto Rico. Entre lágrimas, Natal se dirigió a Diálogo. “Me siento feliz de estar aquí, ayudando a que el pueblo sepa que se puede. Esto ha sido un milagro, ha sido excepcional, no lo esperábamos pero se dio y gracias a Dios por eso”.

Bajo lluvia, catalogada como bendición por unos, castigo por otros, el Paseo de la Princesa en el Viejo San Juan fue el escenario de la ceremonia matrimonial que ha marcado un hito en los libros de historia de la Isla, pero sobre todo en los libros de la ley, que hasta hace poco más de un mes y medio sólo reconocían como matrimonio a la unión de un hombre y una mujer.

Y es que el matrimonio para las parejas del mismo sexo, con todos los reconocimientos legales que ello conlleva, parecía ser algo inaccesible e inalcanzable, pero la vida les sorprendió. “Llevamos 33 años conviviendo juntas. El día llegó antes de lo que imaginamos”, relató Claribel Millán Ferrer, de 58 años, quien contraía matrimonio con Rosa Mera Mendoza Mercado, de 56. Rosa vestía el traje de sus sueños, blanco, con detalles en pedrería, transparencias y una cola que lució en el desfile nupcial, sin duda uno de los momentos más emotivos de la ceremonia.

Justo antes de que las 58 parejas desfilaran desde el interior del edificio de la Compañía de Turismo de Puerto Rico hasta el área que se había preparado con mesas y tarima, fue proyectado en una pantalla gigante un vídeo que repasó todos los años de lucha de la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual, Transexual y Transgénero (LGBTT) por el derecho al matrimonio. Fotos de las parejas que ayer se casaron también fueron proyectadas. Acto seguido, entre aplausos y lágrimas los hoy esposos y esposas comenzaron a desfilar. Las novias levantan sus ramos en señal de triunfo, con la certeza de un sueño hecho realidad. Los novios levantaban sus brazos, tomados de la mano, con sus dedos entrelazados.

Entre el público, se encontraba Raquel Quiñones, de Aguadilla. Ella había llegado hasta el Paseo de la Princesa en apoyo a la comunidad LGBTT, pero sobre todo a su hijo, que no se casaba en la boda masiva, pero era homosexual. Abdiel, su hijo, le confesó que era gay hace 12 años. “Como yo le dije a él, después que yo lo sepa y tu padre, ahora lo que te corresponde a ti es ser feliz”, relató Quiñones, de 55 años.

Entre las novias, desfilaron también Lucía Irizarry y Alma Ortiz, quienes han convivido durante 30 años. Ayer, ambas celebraban su unión en matrimonio. “Por fin tenemos la capacidad de sentir que pertenecemos y que tenemos los derechos que tiene cualquier otro ser humano en una sociedad donde hemos aportado tanto profesionalmente y como personas”, dijo Ortiz, catedrática auxiliar de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Ponce.

Para ellas dos, el formar parte de la boda gay masiva no sólo fue una celebración, más bien simbolizó el punto culminante del reclamo de un espacio en la sociedad, y aunque se exponían públicamente por priemera vez, la pareja estaba lista para desbordar su amor sin miedo, ahora con el apoyo legal. “Vamos a solicitar nuestros espacios, hasta que no reclamas tu espacio nadie te lo da, por eso decidimos estar aquí y estamos felices. Esto es importante para Puerto Rico, nos hace un mejor país”, añadió Ortiz a Diálogo.

Varios reverendos y representantes de distintas iglesias estuvieron presentes llevando a cabo los matrimonios. Entre el grupo, se encontraba los pastores Héctor Iván Ortiz y Osvaldo Zambrana. Ambos, también esposos, celebraron la unión de cuatro parejas homosexuales.

“Somos una iglesia cristiana independiente, de puertas abiertas a la comunidad LGBTT. El día es un gran triunfo, triunfa el amor y Jesuscristo que nos enseñó a amar, que nos enseñó a vivirlo, pues nosotros podemos solamente celebrarlo porque en este lugar hay salvación, porque el amor es lo que trae salvación a la humanidad”, aseguró Ortiz, de la Iglesia Catedral de Adoración y Restauración de Manatí. También dijeron presente las iglesias Episcopal, Bautista, Budista y Musulmana, así como la Iglesia Pastafariana, entre otras denominaciones religiosas.

En un aparte con Diálogo, la hija de Ada Conde e Ivonne Álvarez, Ada Álvarez Conde, conversó sobre sus vivencias como niña en un hogar homoparental e hizo un llamado a los jóvenes a que apoyen a sus padres y madres si estos deciden continuar su vida como homosexuales. Álvarez instó a los jóvenes a que reconozcan la valentía de sus padres de ser simplemente quienes realmente son. “Si eso es lo que hace feliz a mi mamá, por ejemplo, pues yo tengo el derecho también a hacer lo que me hace feliz y en eso es que nos basamos como familia”, puntualizó la joven.

Al momento de los votos matrimoniales, los distintos representantes y reverendos de las iglesias de distintas denominaciones que apoyan el matrimonio homosexual, se acercaron a las mesas donde permanecían las parejas con sus familiares y allegados más cercanos. De un momento a otro todas las parejas comenzaron a declararse su amor eterno. Entre lágrimas, entre aplausos, cada una se leyó sus propios votos matrimoniales escritos desde el corazón, se confundían en abrazos, sellaban el pacto con un beso e intercambiaban anillos. No dejaban de caer gotas de lluvia.

“Tu corazón es tan grande como el universo y tus ojos claros, brillantes hermosos, son como tu alma. Por eso y por mi amor incondicional, quiero decirte que te amo, que te adoro”, le decía entre sollozos una mujer a su pareja, quien, acto seguido, le respondió:

“Cristi, el poder divino y el universo saben que te adoro y hoy nos unimos en matrimonio como esposas, por fin, en la tierra que nos vio nacer. Ya hemos convivido durante 25 años, siempre juntas y en los momentos difíciles. Quiero pasar el resto de mi vida contigo, eso es una promesa. You will always be the sunshine of my life. Sigamos siendo las almas gemelas que somos. Qué bendición, tú y yo, nuestra vida juntas es ejemplo de que en Puerto Rico el amor ha triunfado”.

El bizcocho de bodas era de seis pisos, cada uno decorado con hojas que parecían caer suavemente desde el tope hasta la base, transitando por el rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violeta, en representación de la bandera que lleva los mismos colores, símbolo de la comunidad LGBTT. Hoy esos colores tomaban otro matiz, ya no eran tanto de lucha, pero sí de regocijo. En el fondo de la tarima, tras el bizcocho, un corazón con los mismos colores, que también llevaba un lema: “Igualdad para todos”.

Casi al final de la ceremonia, las parejas bailaban un bolero, bajo las gotas de lluvia, con la voz quebrantada de Glenn Monroig: “Basta ya, de ocultar este amor sin igual que ha sabido imponerse al dolor, que venció la mentira y hoy regresa a la vida, con más fuerzas y con más calor. Nuestro amor sacrosanto ha sufrido las injurias de la adversidad, un amor sepultado, escondido, cual si fuera el más vil criminal. Ya lo puedes decir, ahora puedes gritar que tan sólo han de oír la verdad”.

La lucha continúa

Para Ada Conde, activista y presidenta de la Fundación de Derechos Humanos, el día de ayer y la boda masiva fue sobre todo el triunfo de la lucha de parejas que durante años han sufrido en carne propia el discrimen pero que hoy pudieron ver realizado el sueño de que todas las parejas son iguales ante la ley.

“Queda por hacer mucho, porque la lucha de derechos humanos es para siempre. La próxima es educar a nuestro pueblo, evitar y erradicar el discrimen y seguir trabajando con las uniones de hecho y otros derechos”, declaró Conde.

En su primera aparición pública, Pedro Julio Serrano, activista de la comunidad LGBTT y defensor de derechos humanos, se opuso al Proyecto de la Cámara 1037, presentado en 1997 y que dos años más tarde fue convertido en ley por el exgobernador Pedro Roselló. Esa ley enmendó el Artículo 68 del Código Civil de Puerto Rico para reconocer como matrimonios sólo a las parejas heterosexuales.

“Cierro un ciclo con esto [la boda masiva gay en Puerto Rico]. Ciertamente es una carga menos, pero también una reafirmación de que aún falta mucho por lograr, todavía falta que las personas trangéneros y transexuales tengan todos sus derechos, que puedan cambiar su certificado de nacimiento, que podamos tener derecho a la adopción”, recalcó Serrano, añadiendo que la educación a la sociedad respecto a los derechos de la comunidad LGBTT es una de las tareas más urgentes.

En ese sentido, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, dijo por su parte que respetaba a todo aquel que no apoyaba la unión matrimonial homosexual, aunque esperaba que algún día todos pudieran caminar el camino “del amor, la justicia y equidad”.

“Es importante el reconocimiento de que amor es amor, de que la justicia se sobrepone a la injusticia y que el discrimen se hecha a un lado cuando el amor es lo prioritario”, expresó Yulín a Diálogo.

El matrimonio homosexual fue reconocido el pasado 26 de junio, en una histórica decisión 5-4 del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que declaró inconstitucional la prohibición del matrimonio entre parejas del mismo sexo en todos los estados de la nación americana y sus territorios.

“Esta decisión del Tribunal Supremo es muy importante porque más allá de reconocer los derechos de las parejas del mismo sexo, abre las puertas para reconocer toda una serie de derechos y obligaciones que implican estar en una relación”, explicó a Diálogo la profesora Nora Vargas Acosta, directora de la Clínica de Discrimen por Orientación Sexual e Identidad de Género de la Escuela de Derecho de la UPR.

La adopción homoparental, indicó la licenciada Vargas, quien estuvo presente en la boda masiva gay, es uno de esos derechos que queda por reconocer y a los cuales abre paso el matrimonio igualitario. El Proyecto del Senado 437, de la autoría de la senadora Maritere González, busca precisamente el reconocimiento legal de las parejas del mismo sexo a adoptar un menor o una menor.

Cuando el matrimonio gay quedó elevado a rango constitucional, por otro lado, se declaró sin efecto el artículo 68 del Código Civil de Puerto Rico que prohibía el matrimonio entre parejas homosexuales. Sin embargo, el Código no se ha atemperado al nuevo orden jurídico de forma tal que explícitamente en un artículo de ese estatuto se reconozca el matrimonio homosexual.

Tanto el Proyecto 437, como la enmienda al Código Civil para que el estado jurídico de Puerto Rico sea cónsono con la decisión del Tribunal Supremo Federal, se espera que sean atendidos en la sesión legislativa que comienza precisamente hoy.

“No puedes tener un derecho segmentado”, puntualizó el senador popular Miguel Pereira, antes de que diera comienzo la boda masiva, mientras el representante popular Luis Vega Ramos indicó que “no hay argumento válido para no atemperar nuestro Código Civil a la realidad correcta, constitucional, que es la vigente ahora”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s