Pedro Julio Serrano le pone voz a la inclusión…

Por Maritza Díaz Alcaide
Primera Hora

“No es que digas que me amas, es que me aceptes… y si eso ya es un éxito, no es suficiente, por que lo más importante es que celebres mi vida, lo que soy”.

No ser objeto de desamor no les basta a los homosexuales, subraya el líder del movimiento gay Pedro Julio Serrano.

El “amor” que comienzan a vocear públicamente en Puerto Rico los que condenan su realidad sexual, es el nuevo discurso de moda de los que quieren “suavizar” el odio que, en el fondo, sienten por ese sector los grupos más conservadores de la Isla, según señaló el activista.

Es el “amor” -dice Pedro Julio- del hipócrita que enuncia un “te quiero”, pero no es más que un disfraz para encubrir que no hay la menor intención de aceptar al homosexual como lo que es.

Serrano, que conoce en carne propia el dolor del discrimen y hasta el de las amenazas a su vida, dice que aquí el mensaje de intolerancia y hasta los mensajeros antigay han cambiado porque la sociedad boricua se ha ido transformando, y se reconoce que ya no funciona el discurso recalcitrante del homofóbico.

“Los Milton Picón y los Carlos Sánchez están callados”, afirmó Pedro Julio durante una conversación en la que habló tanto de su trayectoria en un movimiento que persigue la igualdad para todos los géneros, como de su experiencia más íntima como gay.

Con respecto a Puerto Rico, él se regocija de que aquí se haya acogido positivamente el anuncio del cantante Ricky Martin de que él es homosexual; del amor y aceptación que tuvo la familia de Francheska González con la transexual, que fue salvajemente golpeada; y de la empatía que también expresó la familia de Jorge Steven, un homosexual cuyo cuerpo fue encontrado decapitado y parcialmente calcinado en 2009.

Serrano alaba esas instancias, pero reconoce que el problema más grave que enfrenta su comunidad son los crímenes de odio, no porque el movimiento que lidera haya sido derrotado, sino porque, en la medida que las reinvindicaciones avancen, más violencia se va a generar.

En la Isla, dijo, los enemigos de la comunidad gay siguen siendo -en su mayoría- hombres heterosexuales que quieren mantener su hegemonía y poder, y líderes de las iglesias fundamentalistas que, opina, usan los mismos argumentos que se esgrimieron en un principio para discriminar contra las mujeres y los negros.

Si de pecado se trata, para él el pecado es la homofobia.

Da una voz al discrimen 

No hay duda que Pedro Julio es el cute guy del movimiento gay de la Isla; el primero que, dentro de ese grupo, rompió con moldes y estrategias para impulsar una sola idea: que la homofobia es mala.

El memorable beso que se dio con su ex compañero Steven Toledo en medio de una vista legislativa es sólo un ejemplo. Ese beso conmocionó al país hace cuatro años, pero no dejó sabor a escándalo porque, a través del acto, dejó claro que él tiene derecho a amar como cualquiera.

Al país tampoco él le ha ocultado nada, y a eso le atribuye su éxito.

Infancia plena

“A mí nunca me gustaron las nenas”, señala con candidez, al recordar cómo descubrió su orientación sexual. Además, tuvo que lidiar con la angustia de temer que no era normal, que lo que le pasaba no “debía ser” y que “eso que le pasaba” era contrario a ser católico.

Sin embargo, los temores eran infundados porque, de su familia, nunca recibió el más mínimo rechazo. La familia pasó por tres etapas cuando supo su verdad: el de la negación; el de la aceptación; y finalmente, el más liberador, el de celebrar su ser.

“Esa celebración se dio cuando mi mamá (la ex administradora de la Cámara de Representantes Alicia Burgos) preparó para una fiesta las etiquetas de las parejas que sentarían a la mesa… y la mía iba acompañada del nombre de mi compañero”, rememora.

En sus ojos, sin embargo, hay tristeza. Las lágrimas asoman cuando habla del momento de mayor tribulación de toda su vida: descubrir, en 1994, que es portador del VIH y reconocer que, en ese momento, no significaba otra cosa que una sentencia de muerte.

Ya él había salido del clóset, pero todavía luchaba con aceptarse como homosexual. Había tenido una primera relación con su pareja, no se protegió y la prueba del virus le llegó positiva.

Pedro Julio confiesa que se tomó un pote completo de Xanax y que entró en un sueño profundo por cuarenta horas.

“Si no es por el VIH, no sería el activista que soy. Yo entendí, entonces, que mi vida tenía que servir para algo… Yo no podía vivir sin que mi vida valiera para algo…”, cuenta quien, desde pequeño exhibió dotes de líder.

Una foto suya, con 13 años de edad, lo muestra flanqueado con los presidentes de Senado y Cámara, Miguel Hernández Agosto y Ronaldo Jarabo, respectivamente, en ocasión de dirigir la caminata “Goza una vida sin drogas”.

Lo de líder y defender causas justas y a las minorías ya se veía venir.

“Un político honesto” 

Serrano, como se sabe, intentó incursionar en la política a los 23 años, como candidato a legislador. En su honestidad, no ocultó su homosexualidad ni su condición, y las confesiones “inconvenientes” le valieron intensas presiones dentro del Partido Nuevo Progresista para que desistiera de su ambición.

“El PNP es el partido más homofóbico de Puerto Rico”, sentencia hoy.

Serrano “brincó” más tarde al indepedentismo, convencido de que si “lucha por la libertad individual, también debe luchar por la libertad colectiva”.

Su mamá, medio en broma y medio en serio, ahora le dice que lo que no le perdona es que ya no sea estadista.

Para las elecciones de 2012, no considera postularse para cargo alguno. “Yo lucho por los derechos humanos de todo el mundo y, como no soy político, la gente siente que no tengo intereses ulteriores”, explica.

Sobre política, lo que aconseja es que más candidatos y funcionarios electos se declaren abiertamente gays; que lo hagan patente para que quede claro que las diatribas que se lanzan contra los homosexuales también van dirigidas a ellos y se tienen que detener.

De la campaña eleccionaria que se avecina, Pedro Julio lo que vaticina es que esta también estará plagada de ataques machistas. Los épitetos de “fresitas”, y los “pajuatos”, ya lo demuestran.

Pedro Julio, que fue paciente de cáncer, aunque lo superó exitosamente a los 35 años de edad, vive en Nueva York y, desde allí, se desempeña como gerente de comunicaciones del National Gay and Lesbian Task Force.

No tiene compañero en estos momentos y tampoco se plantea ser padre. Toda su atención, por el momento, se enfoca en su agenda de trabajo y en llevar adelante el mensaje de inclusión.

Ve el vídeoreportaje de esta entrevista por Teresa Canino para Primera Hora aquí.

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