Hay silencios que matan…

En los pasados cinco meses, el País se ha estremecido por los brutales asesinatos de cinco miembros de nuestras comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT). Lo que escuchamos de l@s líderes políticos y religiosos es un silencio ensordecedor.

Esto representa un crimen — cada mes — en contra de personas gays y transgéneros y lo que escuchamos es silencio.

Con la notable excepción de la solidaridad de un@s poc@s, el silencio ensordecedor de l@s líderes polític@s y religiosos ante los brutales asesinatos de Ashley Santiago, Jorge Steven López, Humberto Bonilla, Fernando López de Victoria y Michell Galindo es una vergüenza de marca mayor.

Les tiene que dar vergüenza de no hacer expresiones de solidaridad hacia las familias y allegad@s de las víctimas. Les tiene que dar vergüenza de no solidarizarse con las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero ante el odio producto de estos horribles crímenes.

Les tiene que dar vergüenza de no condenar la homofobia y la transfobia en estos casos. Les tiene que dar vergüenza que han olvidado su obligación constitucional de instrumentar la igualdad para todos los seres humanos.

Lo más reprochable es que para atacarnos y deshumanizarnos, no están silentes. Para eso sí que no.

Para llamarnos “pervertidos” e “inmorales”, Jorge Raschke y Carlos Sánchez rápido corren a los medios.

Para llamarnos “enfermos mentales” y “torcidos”, el presidente senatorial rápido está presto para opinar. Y para minimizar el rol del odio en uno de los casos, Thomas Rivera Schatz también se atreve a catalogar a la víctima — Jorge Steven — de “criminal”.

Pero lo criminal es el ataque deshumanizante que se hace desde los púlpitos políticos y desde las tribunas religiosas.

Lo criminal es el silencio que se hace cómplice del odio y la violencia que se genera en contra de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros.

Cada vez que un/a líder religioso o político habla con lenguaje de menosprecio a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros, individuos perturbados se ven compelidos a actuar sobre su homofobia y cometen actos violentos motivados por el prejuicio a la orientación sexual o identidad de género de la víctima.

Que tengan en cuenta l@s religios@s y l@s polític@s que sus palabras — y sus silencios — tienen un efecto de permisividad a personas para actuar conforme a sus prejuicios.

Basta ya de tanta retórica de odio e intolerancia que motiva a la violencia. Basta ya también de sus silencios, pues hay silencios que matan.

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