Este País no lo conozco…

Este País no lo conozco
Pedro Julio Serrano
Activista de derechos humanos
El Nuevo Día | Voces | 17-11-09

Este País no lo conozco. Se han arraigado en nuestra tierra un fundamentalismo que no es nuestro, una intolerancia que es ajena, una maldad que no es inherente. Como muestra más cruel de esta desintegración de nuestra fibra moral, el odio y la violencia están llegando a niveles insospechados e intolerables.

El atroz y vil asesinato de un joven de 19 años por meramente ser quien es — por simplemente vivir su vida de manera abierta y orgullosa como un hombre gay — es la más reciente muestra de la violencia que nos arropa.

Jorge Steven López fue salvajemente asesinado por prejuicio a su orientación sexual. Fue brutalmente torturado, golpeado, mutilado, desmembrado, decapitado y parcialmente calcinado. Por lo brutal del asesinato, el odio con el que se cometió y por las claras señales de mezquindad, solicitamos a las autoridades que investiguen el ángulo de odio en este caso.

Nadie merece ser asesinado y menos de esa forma. Ya basta, no se puede seguir matando a nuestra gente y que las autoridades se sigan haciendo de la vista larga.

Para echarle sal a la herida, el agente investigador del caso — Angel Rodríguez — hizo unas expresiones homofóbicas, antiéticas e inmorales al echarle la culpa a la víctima por su muerte. Expresó que “este tipo de personas cuando se meten a esto y salen a la calle saben que esto les puede pasar”.

Es inconcebile que el agente investigador aduzca que la víctima se buscó ser asesinado. Es como el absurdo y falaz argumento de que una mujer se buscó ser violada por llevar falda corta. Confiamos en que se ponga en su lugar a un agente que tenga la sensibilidad, el profesionalismo y la decencia necesaria para llevar a cabo una investigación justa y completa de este crimen.

La gente tiene que entender que la diferencia entre un asesinato y un crimen de odio es que el victimario está tratando de enviar un mensaje a toda una clase de personas — en este caso a las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero — para intimidar y para aterrorizar, como para establecer que nuestras vidas no valen nada.

Pues sí valen y mucho. Pues aún con todo el odio, la homofobia y el discrimen con el que tenemos que lidiar día a día, seguimos viviendo, contribuyendo a la sociedad y amando.

Es hora de que nuestro País se levante con una sola voz y exija un detente a la homofobia y a la intolerancia que están borrando el pueblo que solíamos ser. Es hora de que las autoridades finalmente tengan la decencia de investigar sin prejuicios y llamar las cosas por su nombre: crímenes de odio.

Pero más aún, es hora de hacer justicia. No tan sólo para Jorge Steven, sino para todas las víctimas del odio a través de los años.

Acabemos el odio con amor, pero más importante aún, que se haga justicia. Es lo menos que podemos hacer.

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