Mi niña…

¡Ay, mi niña! Esta fue una de nuestras últimas fotos, tirando besos. De hecho, nos pudimos despedir con un beso.

Luna fue feliz, libre, valiente. Su partida duele tanto y tanto, pero me consuela su insuperable amor.

Gracias a mi querido Karlo por rescatarla, criarla en sus primeros meses y darme una oportunidad de vida plena junto a ella.

Gracias a las veterinarias más amorosas y empáticas y solidarias que la cuidaron a través de su vida, Eloisa y Soleyl.

Gracias a mi adorada Ginger —quien fue la compañera de Mami— y luego completó nuestro hogar, ahora consolándonos tras la partida de Luna.

Gracias a toda mi gente que me ha acompañado en este proceso tan duro, pero que me hizo recordar que el amor —cuando es real— permanece.

Luna, felicidá. Luna, bondá. Luna, libertá.

Gracias por amarme tanto, tanto y tanto —transformando mi vida y mi corazón, para siempre. 🫶🏽