Aquí no re-Laje…

Pedro Julio Serrano
Activista de derechos humanos

El Nuevo Día

La tan cacareada visita de un tal Agustín Laje pasó sin pena ni gloria por Puerto Rico. Como diríamos en buen boricua: “se quedó vestido y alborotado”.

El mismo personaje admitió, en la emisora que costeó su viaje, que estaba frustrado por la invisibilización que sufrió por parte de los medios, que solo fueron 50 personas a su conferencia y que no pudo debatir con nadie, por más que suplicó que le hicieran caso.

A eso se ha reducido el movimiento fundamentalista de este país. A traer un personaje extranjero, sin ninguna credibilidad, que ni tan siquiera sus propios fanáticos lo van a ver y que se queda dando un monólogo en el “echo chamber” que ellos mismos han creado.

De más está decir que los laicos hemos respetado más aquella máxima cristiana de no idolatrar que los propios fundamentalistas que elevaron a este individuo tal cual becerro en el Monte Sinaí.

Es que en momentos en que tenemos una crisis, sin precedentes, de violencia de género y una epidemia de violencia transfóbica, nuestra patria le dio la espalda a un discurso que venía peligrosamente a envalentonar a los misóginos y homofóbicos para incitar más la violencia.

Si hubiéramos mordido su anzuelo, no habríamos aprendido nada de los feminicidios y transfeminicidios que han estremecido la conciencia nacional.

Aquí tenemos mucho camino por recorrer para derrumbar —de una vez y para siempre— la maldición de la misoginia, la homofobia, la transfobia y todas las formas de opresión. Pero de lo que podemos sentirnos orgullosos es de que colectivamente, sin planificar pero con mucha dignidad, no le dimos paso a un fascista que intentaba envenenarnos con su odio.

Por supuesto, ahora dicen que la Prensa tiene una agenda de invisibilización. Se equivocan. No son capaces de entender el rechazo a la tortura y a la mentira organizada con teorías bizarras y sus patentes consecuencias que en nada aportan al desarrollo de una sociedad más inclusiva, justa y comprensiva.

Cuando intenten importar cualquier otra agenda excluyente a través de otro ídolo con pies de barro, hay que explicarles, sin ambages, que un tal Laje vino a un debate y terminó en un monólogo.

Pues como le dijo a Laje, de frente, un colega defensor de los derechos humanos: “este país tiene dignidad y la vamos a defender”.

No contaba con nuestra astucia.

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