Pedro Julio: un hombre libre…

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octubre de 2010

por María Nahima

Existe un joven puertorriqueño que causa tanta polémica como un subversivo, que provoca tanta admiración como un cantante famoso, que inspira a miles de personas como un gurú y que es tan seguido y criticado como un político.

Incansable, obstinado, seguro de sí mismo, osado e inteligente, el secreto de la invencibilidad de Pedro Julio Serrano radica en su magnética personalidad: sabe comedir las críticas ofensivas, sigue su intuición, no teme nada y utiliza una dialéctica tan certera que es difícil hacerle oposición.

Pedro Julio es un verbo en acción, el paladín de una ola de cambios que parecen controvertidos. Se acuesta cada noche soñando justicia y se levanta con una lanza que llama “causa”. La suerte de Pedro Julio no radica en ser famoso, en ser premiado junto a importantes artistas o en ser citado con frecuencia en los periódicos. Su suerte más grande es haber sabido desde pequeño qué es lo que quería ser cuando fuera grande.

PJ: Desde que tenía uso de razón quería ser político, sin embargo cuando acepté mi orientación sexual me dije “pues bueno, ya no voy a ser político porque tendría que ser heterosexual, casado y con hijos”. Pero entonces empecé a ver unos ataques de la Legislatura en contra de la comunidad y decidí que ese era el momento para lanzar mi candidatura en una forma bien abierta. No lo hice diciendo solamente que era gay, sino que también era VIH. Lo dije públicamente porque quería ser transparente y demostrar la clase de político que yo iba a ser: no tan solo honesto sino también dispuesto a enfrentar algo tan fuerte como el prejuicio y demostrar que una persona VIH podía aspirar a un puesto político. Pero la homofobia fue ruda.

Con ese rostro de adolescente y ese espontaneidad me costaba imaginarlo en medio de símiles batallas, pero evidentemente ese jovencito de Ponce se las traía desde pequeño.

PJ: Cuando era niño hubo un año en el que le dije a mis primitos que los Reyes Magos no vendrían. ¡Imagínate!

MN: ¿Por qué les dijiste eso?

PJ: Porque había crisis en Medio Oriente.

Nos reímos a carcajadas sin imaginar en ese entonces que pocos meses después de esta entrevista se sublevarían los pueblos de Túnez, Egipto y Libia. Y ahora que la historia se repite, pienso que cada país debería tener una especie de Robin Hood, como nuestro boricua Pedro Julio quien no lucha por dinero, sino por obtener derechos para su comunidad.

MN: ¿Fuiste siempre un niño así, abierto e inteligente? ¿Tu mamá qué te decía? ¿Fue ella quien cultivó tu autoestima?

PJ: Mi mamá me enseñó a amarme a mí mismo al igual que mis otros tres hermanos, varones todos. Nos enseñaron a respetarnos y a darnos a respetar. Yo caminaba a los 10 meses, decía oraciones completas a los dieciocho y al año ya corría. Fui siempre prematuro, “desesperao”; siempre he tenido prisa y siempre he sido líder. Fui presidente de mi clase graduanda, estuve en todos los clubes… de ciencia, oratoria… jugué pelota, representé a PR. Fui bueno en deportes y lo digo con humildad, pero también por eso de acabar con el mito de que los gays no jugamos béisbol.

Lo observo y me pregunto cómo ese hombre tan menudo ha logrado cosas tan prodigiosas. Es un hecho -que se quiera creer o no- que ha inspirado, cambiado y hasta salvado muchas vidas. Ha sido amenazado de muerte y paciente de VIH y cáncer.

MN: Cuéntame, ¿cuál fue tu primera reacción cuando te dijeron que eres VIH+?

PJ:  Mi primera reacción fue de shock porque no me lo esperaba….yo nada más había estado con un hombre, íntimamente. Tenía sólo 18 años. No nos protegimos durante esa única vez. Como si fuera poco, él tenía pareja y no me dijo nada… esto me causó mucho dolor y no quise compartir con nadie por un año completo hasta que conocí quien fue mi primera pareja, quien es enfermero y me pidió que nos fuéramos a hacernos la prueba… entonces fue un shock bien grande pero mi compañero me dijo que me iba a seguir amando sin ningún tipo de temor. Ese amor me dio mucha fortaleza y me ayudó a enfrentar lo que para aquel entonces era una sentencia de muerte. Estamos hablando del 1994.

MN: ¿Y cómo reaccionó tu mamá?

PJ: Yo nunca había escuchado un llanto tan profundo y amargo, tan de adentro. Ella me preguntó “¿por qué no me lo dijiste antes”? ¿Por qué no me lo dijiste para estar contigo cuando te hiciste la prueba? Ya yo estaba fortalecido…pero ella estuvo varias semanas llorando todas las noches.

Mientras Pedro Julio cuenta ésto, me pasan por la mente también las palabras de la madre de Jorge Steven Mercado -la víctima del terrible crimen de odio que tanto nos conmovió en noviembre del 2009- cuando relata el momento en que su hijo le confesó su homosexualidad: “Hijo, dime la verdad, confía en mí… ¿qué es lo que está pasando? Y él bajó la cabeza, se puso a llorar y me dijo <<mami yo soy gay>> y yo le dije: Ay hijo, si antes yo te amaba, ahora te amaré más”. Recordé también que Pedro Julio no solo había ido a Puerto Rico a lidiar con ese caso atroz, sino que estuvo en el velorio y despidió el duelo en el entierro, acompañando a esa familia y sembrando, con su oratoria impecable, nuevas semillas para sembrar conciencia y aceptación.

Pedro Julio me narra su vida como si nunca antes lo hubiera hecho, no parece tener secretos, está muy consciente que su libro abierto servirá a muchos jóvenes que viven asustados con su identidad “secreta”. Pedro Julio sabe que su libertad es el consuelo de muchos y por eso manifiesta continuamente su orgullo como puertorriqueño y homosexual.

PJ: En mi familia al principio hubo negación.. era una fase como que, “ésto va a pasar”. Luego llegó la tolerancia, “sí, sé gay” pero de eso no se habla en casa. Más tarde llegó la aceptación: “OK, eres gay podemos hablar del tema” y luego finalmente la celebración, que era celebrar mi identidad, mi compañero…

MN: ¿Cuánto duró este proceso?

PJ: El proceso duró varios años. Fue un proceso largo, pero nunca faltó el amor.

¡Ah, el amor! Pedro Julio se arma a menudo de esta poderosa palabra para hacer entender cuán injusto es el que no se les permita a algunas personas escoger libremente a quien amar. ¿Cómo podría tal acto ocasionar daño a la sociedad? Supongo que nosotros, los heterosexuales, no podemos comprender plenamente el terror de reconocernos distintos, de defraudar a nuestros familiares, de ser víctimas de burla… y todo, precisamente, por culpa del bendito (¿o maldito?) amor.

MN: Pedro Julio, ¡cuántas batallas has combatido! Cuéntame cómo te enteraste entonces de tu reciente cáncer…

PJ: Por una visita rutinaria al dentista donde me encontraron lesiones debajo de la lengua. El dentista me dijo “te voy a hacer una biopsia porque podría ser algo.” No te niego que pensé “¡¿pero coño, la vida no se conforma con tirarme un VIH sino que también me va a dar un cáncer?!” Al principio fue bien fuerte y yo decía “por qué, por qué, por qué a mí?” Pero nuevamente lo tomé como una prueba más a la cual había que tirarle todo… mi cuerpo, mi mente, mi alma y corazón. Con el VIH ya yo había hecho las paces porque el virus vivía en mí pero nunca me ha regido. Así fue como pude controlarlo por tantos años… y con el cáncer fue igual. Fue un proceso enriquecedor, de mucho crecimiento. El silencio me ayudó a encontrarme nuevamente porque yo soy una persona que trabajo y no descanso. Ahora hago una pausa de vez en cuando. Aprendí a desconectarme más. Ya había comenzado a hacerlo, pero el cáncer fue mi segunda llamada.

MN: Pedro Julio, hablemos de tu parte emocional-espiritual. ¿Qué haces para mantener tu espíritu y demás? ¿Yoga, meditación, lees “new age”, la Biblia…?

PJ: Mira, yo me nutro de gente que ama. Esa es mi mejor medicina y receta, primero para mantenerme con los pies en la tierra y para encontrar también esa fuerza poderosa del amor. Leo muchas biografías, de historia, de vidas de personajes ilustres como Bayard Rustin quien era la mano derecha de Martin Luther King y era abiertamente gay. Todo ésto me da varias herramientas, pero más que nada es la conexión con la gente. Más allá de cualquier literatura, filosofía o religión, esa conexión con la humanidad la he encontrado con la experiencia y en la solidaridad con el ser humano; meterme en los zapatos de otra persona, mirarlo a los ojos, sonreír, establecer un contacto…

Me pregunto si Pedro Julio tuvo clara desde siempre la trascendencia de lo que sería su misión social y entonces me viene a la mente Alejandro, el niño de trece años que, inspirado en él, fundó en su escuela un grupo de apoyo para jóvenes rechazados o marginados por su orientación sexual, clase social o apariencia física. Historias como éstas o la de la desconocida que en el “subway” le dice que lo quiere, o el anciano que le confiesa que finalmente a los ochenta y dos años “salió del clóset”, construyen la invulnerabilidad de este boricua capaz de mantener el temple cuando otros lo pierden, capaz de derribar a contrincantes aguerridos de fama popular o desenmascarar la ineptitud de los políticos de turno.

Tengo claras las palabras proféticas de Pedro Julio en lágrimas hablando en el entierro de Jorge Steven:

“Vamos a enseñarle al mundo que el amor es más poderoso que el odio. Que el amor todo lo puede. Que el amor todo lo vence, que el pecado NO es la homosexualidad sino el odio, la intolerancia, la violencia…”

Le digo a Pedro Julio cuán maravilloso sería el mundo si no necesitáramos de personas como él, pero por ahora es una realidad que parece lejana. Por el momento cuenta con miles de seguidores a través de la red, nuestros artistas más importantes apoyan sus causas y tiene posiciones relevantes en varias organizaciones de derechos civiles. En la espera de ese “mundo mejor” que todos deseamos, me conforta saber que existen personas como él, indoblegables ante la injusticia y la mordaza.

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