Lo que el Papa no dijo…

El Papa vino y se fue, con sus zapatitos Prada, de la ciudad donde resido hace dos años, Nueva York – dejando un llamado a favor de los derechos humanos (de algun@s, por supuesto). Pues parece que se le olvidó mencionar que los derechos humanos también incluyen el derecho a no ser discriminado por orientación sexual o identidad de género, así como ser tratad@ con igualdad y justicia en todas las facetas de la vida.

Una de las cosas que más me sorprendió fue la falta de cobertura objetiva e incisiva de parte de los medios de comunicación. Sin lugar a dudas, los relacionistas públicos católicos hicieron su trabajo y pusieron bajo hechizo a los medios, pues le aconsejaron a Benedicto XVI que mencionara de inmediato los abusos sexuales por parte de miles de sacerdotes en los Estados Unidos y así inmunizarse de una cobertura que se centrara en una de las recientes desgracias más dolorosas de esa Iglesia.

Me pareció loable que se reuniera con víctimas de abuso sexual, pero no suficiente. El dolor, la angustia y el daño causado por tanto abuso jamás serán borrados por oraciones y encuentros de 5 minutos con un puñado de víctimas. El Papa debió asegurar que estos crímenes jamás volverán a ocurrir y que la Iglesia ayudaría a las autoridades en la entrega y fichaje de todos los sacerdotes que han abusado sexualmente de niñ@s y adolescentes.

De hecho, tengo que reconocer que el Papa al fin expresó lo que es de conocimiento general, cuando expresó que “no quiero hablar sobre la homosexualidad en este momento, sino de pedofilia que es algo totalmente distinto”. Al hacer este señalamiento, Benedicto XVI hizo la diferenciación entre la pedofilia, una enfermedad sexual y la homosexualidad, una orientación sexual. Aún así, me asquea la utilización por parte del liderato católico de la homosexualidad como chivo expiatorio para tratar de esconder los escándalos y abusos sexuales de la Iglesia.

Benedicto XVI tampoco habló de la falta de equidad de género en las estructuras de la Iglesia, cuando aún no se le permite a las mujeres ser ordenadas sacerdotizas. Mucho menos habló de la irresponsabilidad de oponerse al uso de condones para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual. Tampoco habló de la intromisión indebida de la Iglesia en los asuntos del Estado. En vez de aprovechar la oportunidad para traer a su Iglesia al siglo 21 y hacerla más consciente de la realidad que vivimos, el Papa no dijo nada. En fin, fue más, mucho más lo que el Papa pudo haber dicho y no dijo…

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