Es inmoral. Es inhumano. Es vergonzoso. El que una mayoría pueda negarle la igualdad de derechos a una minoría es deplorable, abusivo y el ejercicio más antidemocrático que existe. Esto fue lo que sucedió ayer en el estado de Maine cuando una mayoría simple votó para invalidar la ley que otorgaría la igualdad en el matrimonio a las parejas del mismo sexo. Una ley que fue aprobaba por la Legislatura estatal y convertida en ley con la firma del gobernador del estado de Maine. Fue la primera vez en la historia estadounidense que l@s funcionari@s elect@s hacían valer la igualdad en el matrimonio que nos debe cobijar a todos los seres humanos. Pero con un simple voto, todo cambió.
De nada valió el proceso democrático, malamente diseñado para que se lleven a cabo referéndums que abren la puerta al abuso de la mayoría sobre las minorías. De nada valió que l@s funcionari@s elect@s por mayoría cumplieran con su obligación constitucional de instrumentar la igualdad. De nada valió que miles de personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT), así como heterosexuales que nos apoyan, contaran sus historias y tocaran los corazones de much@s. En esta etapa, el odio y la ignorancia vencieron temporeramente.
Espero que sientan vergüenza. Y si no la sienten ahora, que la sientan pronto. Y si no la sienten pronto, que sus hij@s y descendientes sientan una profunda vergüenza de que sus padres, madres, abuel@s, familiares fueron cómplices en el abuso de una mayoría en contra de una minoría de seres humanos.
¿Qué tal si fuera al revés? Qué tal si fuéramos las personas LGBT la mayoría y pusiéramos los derechos de los heterosexuales a merced del voto popular. Qué tal si hiciéramos campañas llenas de mentiras y falsedades, demonizando a l@s heterosexuales. Qué tal si le quitáramos los derechos que sus funcionari@s elect@s aprobaron bajo la igualdad que promete la Constitución. Qué tal si destruyéramos con cada palabra, con cada voto, con cada acto la inviolable dignidad que nos cobija a tod@s. Tal vez entenderían…
A l@s que aún vivimos una ciudadanía de segunda categoría — con todas las obligaciones pero sin los derechos iguales que merecemos — es hora de encontrar la fuerza para continuar, sin miramientos, sin contemplaciones, sin bajar la guardia ni un segundo. La dignidad que protege la Constitución no permite excepción: es inviolable. La igualdad que promete la Constitución es clara: nos incluye a tod@s.
Sé que el día llegará en que tod@s seamos tratad@s iguales porque es inevitable; pero en lo que llega, ¡como duele! Duele saber que nuestros derechos están en las manos de otras personas que no saben lo que es vivir sin las protecciones que tienen ell@s. Duele saber que aún no se reconoce de que nuestras vidas son tan valiosas como las de l@s heterosexuales. Duele saber que la inequidad sigue mostrando su horrible cara en esta sociedad que se jacta de la libertad que promulga.
A es@s que nos niegan la igualdad que merecemos, a es@s que nos atacan por nuestra orientación sexual o identidad de género, a es@s que laceran no tan sólo nuestra dignidad sino la propia… les digo: ¡Coño, basta ya! Somos seres humanos…
El activista de derechos humanos Pedro Julio Serrano retó al gobernador Luis Fortuño a poner la acción donde puso su palabra y la de su administración y que vete el proyecto para agilizar el proceso de adopción de ser aprobado con enmiendas discriminatorias e inconstitucionales. “Es momento para que Fortuño y su administración demuestren que ponen la acción donde empeñan su palabra. De aprobarse esta medida con enmiendas discriminatorias — si es inconstitucional esta medida — la única acción posible es el veto”, sentenció Serrano.
«¡Muévete, maricón!» Ese fue el grito de un individuo que iba en bicicleta mientras iba llegando a la esquina de la calle en la que vivo. Mi reacción inicial fue de pánico, pues esas palabras las había escuchado ya mientras cuatro individuos me cortaban el paso en la carretera e