Me indigno… ¿y tú?

Yo no sé tú, pero me indigno.

Sí, así como lo lees — me indigna que los miembros de las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT) no tengamos los mismos derechos que el resto de la sociedad.

Me indigna que much@s de l@s polític@s de este país no reconozcan esa desigualdad y no hayan legislado para acabar con la ciudadanía de segunda categoría a la que nos tienen sometid@s.

Me indigna que algun@s en los medios de comunicación todavía sigan utilizando estereotipos para caracterizar a los miembros de las comunidades LGBT.

Me indigna que todavía algun@s en nuestra sociedad hagan chistes peyorativos a expensas de nuestra orientación sexual o identidad de género.

Me indigna que todavía exista el discrimen, la intolerancia y la violencia en contra de nuestras comunidades LGBT.

Me indigna que dentro de nuestras propias comunidades exista discrimen contra nuestr@s herman@s transexuales, transgéneros, lesbianas y bisexuales.

Me indigna que algun@s utilicen la religión para oprimir, para odiar, para excluir.

Me indigna que como miembros de las comunidades LGBT no hayamos solicitado — de manera urgente, masiva y unida — los derechos que nos corresponden por ser hij@s de esta tierra.

Me indigna esa apatía, conformismo, indiferencia.

Me indigna que el miedo se apodere de nuestras acciones…

Si tú también te sientes así, ¿qué vas a hacer?

Dejemos el miedo a un lado. Bien lo dijo Franklin D. Roosevelt en una ocasión: “a lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo”.

Atrevámonos a luchar por lo que nos corresponde… la igualdad de derechos, porque ya las obligaciones las tenemos.

Atrevámonos a ser libres, visibles, a demostrar que nuestras relaciones de pareja, nuestras vidas, nuestras historias son tan valiosas como las de los demás.

Atrevámonos a reclamar el espacio que nos merecemos en la sociedad.

Atrevámonos a reafirmar nuestra identidad y hacer valer nuestra dignidad.

Te invitamos a que nos expreses lo que te indigna y lo que quisieras que estas comunidades LGBT lograran, pero sobre todo qué podemos hacer para lograr un Puerto Rico Para Tod@s.

Escríbenos en el área de comentarios, por correo electrónico a prparatodos@yahoo.com o sólo contesta este mensaje con tus comentarios sobre la lucha por los derechos de las comunidades LGBT. Déjanos saber lo que te indigna, lo que quisieras cambiar, el trabajo que puedes hacer, el tiempo que puedes ofrecer, las ideas que puedes contribuir, las historias que quieres compartir, lo que puedes aportar…

Haremos un compendio de todos los mensajes que recibamos — puedes incluir tu nombre o hacerlo de manera anónima — y durante esta próxima semana, publicaremos estos mensajes para que empecemos una discusión amplia y abierta de lo que queremos, de lo que podemos ser, de lo que podemos aportar, de lo que nos merecemos.

Anda, exprésate — hagamos comunidad…

La menguante intolerancia…

La reseña sobre la intolerancia en menos de 500 palabras: El poder de convocatoria de los mercaderes del odio y la intolerancia se sigue apagando. Según el único reporte de prensa, menos de 500 personas se congregaron ayer en el cónclave homofóbico de ‘Clamor a Dios’. Hace algunas décadas, este evento atraía a medio millón de personas. Por lo que es significativo que ya menos de 500 personas acudan a escuchar los mensajes de odio, de intolerancia y de menosprecio a la dignidad humana que allí se dan. Aunque no podemos subestimar el poder de este grupúsculo en los pasillos de mármol del Capitolio, es una señal clara de los tiempos.

El consenso en Puerto Rico en contra de la discriminación, en contra del odio y la intolerancia es cada vez mayor. Las voces que claman porque se otorguen iguales derechos, plena ciudadanía, absoluto respeto y total dignidad a las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgéneros (LGBT) siguen surgiendo. El camino hacia la igualdad es inevitable. La justicia es alcanzable, se ve en el horizonte.

Aún quedan muchos retos, pero el panorama está cambiando. Por primera vez en la historia política puertorriqueña, las plataformas de gobierno de los cuatro partidos políticos han recogido promesas — unas mayores, otras menores — a favor de erradicar el discrimen por orientación sexual. Aún falta que se haga la promesa de incluir la identidad de género, para proteger a nuestr@s herman@s transgéneros y transexuales, entre muchas otras.

Esto representa un marcado contraste al mensaje de odio e intolerancia que los grupúsculos fundamentalistas han intentado imponer a los partidos políticos. Sus campañas de odio en contra de las comunidades LGBT están empezando a ser reconocidas como lo que son, un atentado en contra de nuestros valores y la dignidad humana. Ya much@s cristian@s reconocen que estos mercaderes del odio no l@s representan, no representan los verdaderos valores que el pueblo puertorriqueño atesora: el respeto, la inclusión y el rechazo a todo tipo de discriminación.

La discusión pública de la revisión del Código Civil, así como el contundente rechazo público a la infame 99, que afectaría a miles de familias lideradas por parejas del mismo sexo y heterosexuales que conviven sin casarse, establecieron un reclamo masivo en contra de la discriminación y a favor de los derechos civiles y humanos de tod@s l@s puertorriqueñ@s.

Ya no hay vuelta atrás, Puerto Rico no permitirá que l@s fundamentalistas pretendan imponer su agenda de odio e intolerancia y mucho menos que se trastoquen los principios básicos de igual protección a los derechos y a la dignidad de tod@s l@s ciudadan@s.

Claramente el mensaje homofóbico de los grupúsculos fundamentalistas no tiene resonancia en el pueblo, aunque todavía tenemos que combatir la violencia generada por su retórica de odio que permea en la sociedad puertorriqueña.

Una vez más queda evidenciado que el clamor jamás debe estar motivado por el odio y la violencia en contra de seres humanos. El verdadero clamor debe ser por un clima de paz, inclusión y amor al prójimo.