Acciones más que palabras…


Acciones más que palabras

Columna publicada en el periódico en español de mayor circulación en los Estados Unidos, La Opinión en Los Angeles, CA.

Pedro Julio Serrano
Miércoles, 15 de agosto de 2007

Cuando escuché al gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, utilizar la palabra maricón, no podía creerlo.

Como hombre gay latino, he visto cómo se utilizan palabras hirientes para degradar nuestras identidades, gay y latina. Como hombre latino, Richardson debió haber sabido mejor. Ahora, como candidato presidencial, tiene que hacer algo.

Aunque Richardson tiene grandes antecedentes en favor de los derechos para las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgéneros (LGBT), el uso de la palabra “maricón” tiene profundas implicaciones en nuestra cultura latina. Es utilizada para degradar a la gente gay y trae consigo mucho dolor, no sólo a gays que somos sujetos a la homofobia, sino también a las personas que la usan sin remordimiento. Cuando una persona de su estatura utiliza este tipo de lenguaje, envía el mensaje equivocado de que estas palabras degradantes son permitidas.

El récord de Richardson demuestra que no es un hombre homofóbico; todo lo contrario, ha apoyado los derechos LGBT a través de su carrera pública y dirigió los esfuerzos en Nuevo México para enmendar sus leyes para prohibir la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género. Apoya las uniones civiles para parejas gay y lésbicas; la derogación de la política discriminatoria de la milicia de “No preguntes, no digas”; la adopción por parte de parejas gay y lésbicas; y se opone a la discriminatoria enmienda federal para prohibir el matrimonio entre parejas gay. Ha hablado a favor de los derechos LGBT frente a audiencias no-gays, algo que los candidatos presidenciales casi nunca hacen.

Pero cayó en la trampa homofóbica que le tendió Don Imus en su programa radial y se unió al repetirla. Todos cometemos errores, y dado el récord de Richardson, estoy seguro que hubiésemos aceptado una disculpa sincera. Desafortunadamente, en vez de decir simplemente que lo lamentaba, utilizó la excusa de que “en el español con el que crecí, el término (maricón) simplemente significa ‘gay’, ni positivo, ni negativo…” ¡Por favor! Maricón es derogatorio no importa el español con que uno crezca, y el hecho de que ha sido un amigo de nuestra comunidad, hace que su actitud esquiva sea aún más problemática.

Para echarle sal a la herida, durante un reciente foro sobre asuntos gay en Los Ángeles, Richardson erró al contestar una pregunta sobre si la homosexualidad era escogida. El dijo “Sí, es una opción”. Aún cuando la panelista le dió la oportunidad de corregirse, no sacó los pies del plato. Hablando con los medios, siguió equivocándose por días. Es importante tener buenos antecedentes a favor de nuestros derechos, pero también Richardson debe hablar claramente, frente a cualquier audiencia, a favor de nuestra humanidad.

Ahora tiene una oportunidad dorada en sus manos, no sólo para desechar el mito de que los latinos somos más homofóbicos que cualquier otra persona, sino para demostrar que su trabajo a favor de los derechos LGBT es posible desde la plataforma de una campaña presidencial. Por ejemplo, podría comenzar una conversación sobre homofobia y cómo nos hiere a todos. Especialmente ahora que el Congreso considera legislación sobre delitos por intolerancia y el presidente Bush ha amenazado con vetarla. Richardson podría utilizar este momento para demostrar su arrepentimiento y al mismo tiempo demostrar verdadero liderazgo en este asunto crucial.

Hemos visto en el pasado cómo la Casa Blanca ha sido utilizada por dos tipos de presidentes, uno como Bush que no utilizará palabras inflamatorias como maricón, pero ha obligado a la gente gay a una ciudadanía de segunda categoría. Y uno como Clinton que dijo que éramos parte de su sueño pero ha fallado en lograr su promesa de igualdad.

En tiempos en que escasean políticos con el liderato moral para vencer la intolerancia, discriminación y división en este país, necesitamos líderes que nos levantarán a un nuevo lugar — un lugar donde todos contemos. Y necesitamos candidatos presidenciales que hablen a todas las minorías — las de raza, etnia, género, religión, y por supuesto, orientación sexual e identidad de género — y que nos digan que somos parte de su misión, que nos traten con dignidad y respeto, pero más importante, que cumplan sus promesas.

Richardson tiene la oportunidad de ofrecer una disculpa clara y contundente: usando la tribuna de la campaña para hablar abierta y claramente a favor de la igualdad de las personas LGBT. Debe dejarnos saber que en el futuro, como en su pasado, él cumplirá sus promesas de igualdad para la gente LGBT.

Es la única manera de hacerlo, porque en nuestra cultura latina y en este país, las acciones valen más que mil palabras.

Pedro Julio Serrano es Coordinador de Comunicaciones para el National Gay and Lesbian Task Force.

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