La inmoralidad del clóset…


Tengo que continuar escribiendo sobre el clóset y cómo nos afecta.

Es un tema controversial y delicadísimo por demás, pero tengo que hacerlo.

Como escribí anteriormente, nunca he estado en el clóset y respeto a aquell@s, que por razones muy válidas, permanecen dentro del armario.

Pero tengo que expresar el daño tan desastroso que tiene el clóset no sólo para la persona que se mantiene allá adentro, sino a nuestras comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT).

Es inmoral mantenerse en un clóset…

Es inmoral porque demostramos que tenemos miedo, que somos menos, que a la menor provocación pueden chantajearnos con nuestra orientación sexual y/o nuestra identidad de género.

Es inmoral porque le damos permiso a otr@s para que nos ataquen, para que nos humillen, para que se burlen, para que nos nieguen derechos.

Es inmoral porque le hace daño, un daño de proporciones gigantescas, al que se esconde dentro del clóset.

Es inmoral porque no permite que vivamos en libertad.

Es inmoral porque no hay acto más noble, ni más moral que sentir orgullo de ser.

Hay que ser valientes, hay que defender nuestra dignidad, hay que reclamar el espacio que nos merecemos. Hay que dar la cara… pues son nuestras caras las que la gente verá y entenderá quienes somos en realidad.

Somos valios@s, somos importantes, somos seres humanos… que merecemos vivir a plena luz del día, con nuestras parejas compartiendo cada parte de nuestras vidas, integrándolas a nuestro entorno, sin apodos, sin miedos, sin escondites.

Espero con ansias que llegue el día en que tod@s caminemos de la mano con nuestras parejas en público; que podamos presentar, sin decir que son nuestr@s prim@s, a nuestras parejas; que nuestras aportaciones sean aquilatadas por lo que valen y no por nuestras orientaciones sexuales y/o nuestras identidades de género.

Tenemos un obligación moral con nosotr@s mism@s, pero también con nuestras comunidades LGBT en dar la cara, en mostrarnos tal como somos, en vivir en libertad, en reclamar nuestro espacio, nuestros derechos.

Como nos recordó el joven universitario, Roberto Pastrana, en su carta al presidente de Televicentro para que elimine a la dichosa Comay de su programación: “la igualdad no nos caerá del cielo”…

¿Hasta cuándo señor@s… hasta cuándo?

Hagamos lo que es moral… salgamos del clóset, botemos la llave y no miremos hacia atrás… de una vez y para siempre.

¡Seamos libres!

Para que tengas una idea de cómo salir del clóset… ve a este enlace (cortesía de ManoaMano):

http://eltiempo.terra.com.co/educ/notieducacion/ARTICULO-WEB-_NOTA_INTERIOR-2598044.html

El clóset nuestro de cada dia…

Antes de cualquier comentario que vierta aquí, quiero aclarar que respeto la decisión de cada cual en mantener su clóset.

A mi personalmente me dan claustrofobia los clósets, pero respeto a aquell@s que han tenido que recurrir a mantenerse protegid@s allá adentro por el prejuicio que existe en nuestra sociedad.

Sin embargo, quiero expresar algo que se me ha hecho muy claro en estos días…

Nunca he estado en un clóset, nunca. Hay veces que he pensado si debo hablar sobre mi orientación sexual en lugares hostiles y homofóbicos, pero nunca me he metido en el clóset. Creo que es inhumano obligar a una persona a no vivir en libertad, a tener que esconder parte de su identidad, a sentirse avergonzad@ de quien se es.

Entiendo a aquell@s que por el prejuicio, la homofobia, el discrimen… se meten en ese lugar protegido. Respeto su decisión, pero no la comparto.

Siempre me he ganado el respeto de la gente, porque he sido honesto acerca de mi orientación homosexual. Aún aquell@s que no toleran mi identidad, me respetan. Esa ha sido mi experiencia.

Cuando nos metemos en un clóset, les damos permiso a otr@s para que nos definan. No damos nuestra verdadera cara y no nos presentamos honesta y abiertamente a la sociedad. Mostramos de alguna forma que nos sentimos avergonzad@s, que somos inferiores, que no merecemos vivir en libertad. Y precisamente de esa debilidad se alimentan los ataques a l@s que somos objetos.

De nuestro miedo, de nuestra verguenza, de nuestro escondite.

Bajo ningún concepto justifico el prejuicio, todo lo contrario, lo condeno. Lo que quiero decir es que esta gente ignorante y prejuciada se aprovecha de nuestra debilidad para atacarnos. Porque piensan que nos quedaremos callad@s por miedo al qué dirán, por miedo a que nos descubran, por miedo a perder nuestros trabajos o nuestras familias o nuestr@s amig@s, por miedo a la homofobia.

Por eso debemos ser fuertes, reafirmarnos en nuestra identidad y reclamar el espacio que merecemos.

Porque merecemos ser felices, viviendo de cara al sol, cogiéndole la mano en público a nuestras parejas, gozando del reconocimiento del amor de nuestras parejas de parte del Estado, de nuestras familias y nuestr@s amig@s. Porque merecemos vivir en libertad. Porque merecemos ser tratad@s con el respeto a nuestra dignidad. Porque merecemos que nuestras diferencias sean respetadas, así como la igualdad sea una realidad.

Todo lo contrario ocurre cuando vivimos mirando al sol, orgullos@s de nuestra identidad, respetuos@s de los demás. La gente nos respeta, nos acoge, nos acepta.

En todo lugar que he trabajado, en toda actividad que me he presentado, en todo sitio que he visitado, siempre he sido yo… Pedro Julio Serrano. Nunca he escondido mi realidad como hombre gay puertorriqueño y espero jamás negarla. Mi familia me ha aceptado, mis amig@s están a mi lado siempre, los demás seres humanos me han respetado, siendo un hombre abiertamente gay.

Y es que cada oportunidad que tengo me reafirmo en mi identidad… porque no hay nada más noble, ni más moral que sentir orgullo de ser.

Orgullo de ser gay.Orgullo de ser puertorriqueño. Orgullo de ser humano.