Archivo para octubre, 2010
Miente Fortuño sobre respuesta de su gobierno a crímenes de odio…
En una excelente entrevista del periodista Juan Manuel Benítez, de Pura Política, Fortuño – fuera del País – hace sus primeras declaraciones sobre crímenes de odio en contra de la comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT). Tras un silencio cómplice y bochornoso durante los últimos diez meses en los cuales han habido diez asesinatos de personas gays y transgéneros, el gobernador de Puerto Rico hace creer falsamente que su administración ha hecho algo para detener la ola de violencia homofóbica en nuestro País.
Fortuño, entre otras cosas, dice que el problema de crímenes de odio “no es algo que hubiéramos visto anteriormente”. Tal vez no se acuerda del Angel de los Solteros, que mató a 27 homosexuales en la década de los 80 y dijo claramente que lo hacía por homofobia instigada por la intolerancia religiosa. Luego, Fortuño achaca esta problemática a “un problema de salud mental”, dándole validez a la mal llamada defensa de pánico gay. Para colmo, dice que “no hay razón para tratar a nadie diferente”, pero no lo aplica a la manera en que su gobierno trata a las comunidades LGBT y muchos otros sectores discriminados y atacados por su administración.
Y, como si fuera poco, miente descaradamente al decir que el delito de odio “nosotros lo estamos reportando como tal”. Al día de hoy, no se ha reportado ni un solo ataque, ni un solo asesinato como un crimen de odio en Puerto Rico. Fortuño, no mienta, pues su silencio hasta ahora lo ha hecho cómplice bochornoso de la violencia homofóbica que nos arropa y sus acciones discriminatorias le han echado leña al fuego, prácticamente estableciendo que hay cacería abierta en contra de las comunidades LGBT en la Isla. Con total descaro, Fortuño finaliza con la joya de que están atendiendo el problema “con la seriedad que amerita”. ¿Con seriedad, Fortuño? ¿En serio? ¿En serio? ¿En serio?
Ya son trece años…
Ya son trece años de labor ininterrumpida a favor de los derechos humanos, a favor de la dignidad, la igualdad, la justicia y la inclusión de las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT) en Puerto Rico y el Mundo. Un día como hoy, hace 13 años, me inicié como activista de derechos humanos. Aquel 14 de octubre de 1997, hice mi primer acto público a favor de las comunidades LGBT puertorriqueñas. Como ciudadano particular, luego de enterarme por los medios de comunicación del intento por discriminar en contra de las parejas del mismo sexo, me decidí a actuar. Aunque desde pequeño (13 años) ya estaba luchando por la justicia social, éste fue el primer acto que empezó mi trayectoria como activista gay.
En aquel entonces, fui a deponer solito a las vistas públicas en la Cámara de Representantes para oponerme a lo que se conocía como el Proyecto 1013 (que luego se convirtió en ley).
Como consecuencia de esta nefasta, injusta, inconstitucional e inmoral legislación, en Puerto Rico se legalizó el discrimen con la Ley 94 del 1999, firmada por el entonces gobernador Pedro Rosselló, prohibiendo el reconocimiento de matrimonios entre personas del mismo sexo realizados en otras jurisdicciones.
En aquel entonces, con tan sólo 23 años de edad, le expresé a l@s legisladores que acudía a expresarme ante ell@s porque “nunca en mi vida he sido cómplice del silencio y jamás sucumbiré ante los retos del poder”. En aquel entonces, apelé a los más altos valores y nobles sentimientos humanos y exigí un detente a la discriminación por vía legislativa. En aquel entonces, prometí que “Puerto Rico somos tod@s y no descansaremos hasta que haya igualdad para tod@s l@s puertorriqueñ@s”.
Desde entonces, he estado claro que esa igualdad se tiene que extender en su totalidad a las personas LGBT, con todos los mismos derechos y protecciones que ya tienen los heterosexuales. Ya nosotr@s tenemos todas las obligaciones, por lo que es justo y moral que tengamos los mismos derechos. A 13 años de ese acto individual, pero pensando en el colectivo, me recuerda cuánto podemos lograr si cada un@ de nosotr@s — en nuestras vidas y entornos — exigiéramos la igualdad, sin miedo.
Cada un@ de nosotr@s puede ser forjador/a de su propio destino, de nuestra liberación colectiva, de nuestra igualdad. Con actos sencillos pero profundos — siendo visibles, exigiendo respeto, tocando corazones, abriendo mentes — podemos construir el Puerto Rico para tod@s que merecemos, que queremos y que podemos ser. Es hora de derramar esa esperanza de igualdad y de justicia sobre nuestra amada tierra…
Carta abierta a la comunidad LGBT puertorriqueña de Luzma Umpierre…
Apenas ayer, 11 de octubre de 2010, leí un artículo que me tocó muy profundamente. El artículo era sobre los mineros atrapados en la mina chilena que colapsó y están siendo rescatados. La nota periodística explicaba que los mineros, argüían, no sobre quien saldría primero de la mina, sino sobre quien sería el último y asegurarse que todos salieran salvos. Este ejemplo de magnanimidad y solidaridad me conmovió pues por años he visto a la comunidad LGBT puertorriqueña envuelta en luchas por exactamente lo opuesto — quien será el primero o la primera. He visto, desde afuera, estas batallas y he tratado de argumentar que somos una sola comunidad, no importa donde vivamos, ya sea en Puerto Rico o en el exilio. Mis llamados a la unidad han traído sólo ataques en contra de mi persona. No explicaré los contenidos de estos ataques, ni divulgaré los nombres de los atacantes. Una de mis amigas más cercanas me dice que el chisme es discurso irresponsable y he aprendido que tiene un punto válido.
Recientemente, viajé a la ciudad de Nueva York para ser parte de la conferencia de lesbianas de CLAGS que están activas desde los 1970s. Aparte de la lectura de poesías en la cual participé, pasé mi tiempo reuniéndome con jóvenes, mayormente puertorriqueños y puertorriqueñas, porque me invitaron y me sentí honrada. De estas conversaciones, salí herida. Nuestra comunidad LGBT parece estar inmersa en batallas sobre quien sale primero o primera de la mina colonizada de la homofobia en la que estamos todos atrapados y atrapadas, ya sea viviendo en PR o en los EEUU.
Me tomé una foto en Nueva York con Pedro Julio Serrano y él la colocó en Facebook. Inmediatamente, fui blanco de un grupo de puertorriqueños en la isla que están obsesionados con oponérsele. Huí de los ataques porque, francamente, dí mis batallas en mis días y me rehúso a ser convertida en blanco de ataques sobre quién tiene el derecho de hablar por nuestra comunidad.
Mientras estemos atrapados en un sistema donde hay homofobia penetrante, en Puerto Rico o aquí en los estados, ¿por qué tenemos que atacarnos unos a los otros en vez de ser una sola voz en contra de esa opresión? Hace muchos años, la extraordinaria poeta nuyorican Sandra Esteves me dijo en un poema que lo que nos unía a ambas era que recibíamos las dos las mismas patadas de un sistema patriarcal y racista. Ella nació en Nueva York; yo nací y me crié en Santurce, pero el dolor de esas patadas era el mismo puesto que ambas éramos mujeres puertorriqueñas. El dolor de la homofobia es el mismo, seas una puertorriqueña en Nueva York o en San Juan. Y mientras estamos atrapados en ese sistema que quiere destruirnos, no peleemos sobre quien sale primero mientras hay un rescate a la vista. Asegurémonos que todo el mundo está a salvo primero. Yo, por mi parte, estoy pidiendo públicamente que me dejen para lo último pues quiero ver, con mis ojos envejecientes, que todos ustedes han sido rescatados y están a salvo primero de la mina del odio homofóbico.
Los mineros chilenos nos enseñan una lección admirable. La solidaridad es más que una palabra; es una decisión diaria en nuestro hablar y en nuestras acciones. La palabra solidaridad lleva en sí la palabra “sólida.” No seamos entidades maleables por la homofobia. Seamos sólidos y sólidas en nuestra determinación por la igualdad. ¡Solidaridad ahora entre los puertorriqueños y puertorriqueñas; solidaridad siempre!
Luz Maria (Luzma) Umpierre
Para leer esta carta abierta en inglés, favor de pulsar aquí.