Archivo para julio, 2009
Tod@s somos tod@s…
“Todos somos Pedro Julio”, fue el mensaje del comentarista Flandersbori en mi blog en El Vocero. Cuando lo leí, me estremecí por la contundencia en la simpleza de su mensaje. El comentarista obviamente expuso que al presidente senatorial Thomas Rivera Schatz insultarme como “un muchachito con un caso de insanidad mental lamentable”, insultaba a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros.
De igual forma se sintió el diseñador Gustavo Arango, cuando escribió una carta abierta a Rivera Schatz exigiendo respeto para su familia – compuesta por su compañero y tres hijos adoptados - y por consiguiente exigiendo respeto para miles de familias lideradas por parejas del mismo sexo que están criando niñ@s.
Rivera Schatz contestó que sólo se refería a mí, pero Arango, Flandersbori, la escritora Mayra Montero, el centenar que protestó en el Capitolio contra la homofobia legislativa, hasta la Asociación de Psicólogos, y miles más entendieron que Rivera Schatz se refería a las comunidades LGBT y no a un solo individuo. Por ende, el grito colectivo exigiendo respeto no se hizo esperar.
Y este intercambio me recuerda a las muchas veces que me he sentido representado por valientes personas de nuestras comunidades LGBT que se han expuesto por mi libertad.
Recuerdo cuando la Reverenda Margarita Sánchez se entregó a las autoridades por violar el infame Artículo 103 de sodomía.
Recuerdo cuando José Fernando Colón y Anselmo Fonseca, una pareja de más de 15 años juntos, fundaron Pacientes de sida Pro Política Sana y batallaron contra la corrupción que se cometió en el Instituto del Sida.
Recuerdo cuando las Reverendas Alma Matos y Rosario Quiñones, una pareja de más de 15 años juntas, fundaron la Iglesia Las Otras Ovejas del Rebaño.
Recuerdo cuando Andy Praschak creó la Fundación de Derechos Humanos, convirtiéndose en una organización que empezó a trabajar con el poder político de las comunidades LGBT.
Recuerdo cuando marché por primera vez en la Parada de Orgullo LGBT y me sentí inspirado por Olga Orraca y la Coalición Orgullo Arcoiris.
Recuerdo cuando Talin Ramos fundó la Parada de Orgullo LGBT del Oeste, dándole a Puerto Rico dos magnas celebraciones de nuestras identidades.
Recuerdo cuando me enteré de la histórica conquista de Soraya Santiago cuando logró cambiar su certificado de nacimiento para la década de los ’70.
Recuerdo cuando he seguido consejos de mentoras como Ana Irma Rivera Lassén, quien estaba dando la lucha por nuestra dignidad desde hace varias décadas.
Recuerdo cuando Ada Conde lideró el esfuerzo para aprobar la ley de crímenes de odio, dándonos la primera ley que cobija la orientación sexual y la identidad de género.
Recuerdo cuando Nahomi Galindo y Roberto Pastrana, de la nueva cepa de activistas, fundaron la Jornada Educativa Contra la Homofobia, convirtiéndola en una de las actividades más exitosas y educativas de nuestro movimiento.
Recuerdo cuando el Comité contra la Homofobia y el Discrimen, también de la nueva generación de activistas, organizó dos de las manifestaciones más importantes y concurridas de nuestros tiempos.
Recuerdo a todas las transformistas, desde Nina Flowers hasta Mami Ruddys Martínez, desde Willie Negrón hasta Alex Soto, desde Samantha Love hasta Jamie Sunflower, desde Lizza Fernanda hasta Luis Madonna - que han sacado la cara por nosotr@s y han sido activistas por nuestra igualdad.
Recuerdo a todas las personas heterosexuales que han hecho de nuestra lucha, su lucha… como la Dra. Palmira Ríos, María de Lourdes Santiago, Albita Rivera, el Dr. José Vargas Vidot, entre much@s otr@s.
Recuerdo las muchas veces que decenas de organizaciones y activistas nos hemos unido para hacer un frente común, unido y valiente en contra de la homofobia y a favor de la dignidad de nuestras comunidades LGBT, tal y como hicimos recientemente para no endosar a Fortuño en las elecciones pasadas y cuando exigimos la inclusión de la identidad de género en el proyecto antidiscrimen.
Recuerdo también la solidaridad de compañer@s y organizaciones que en estos días han escrito y actuado indignad@s, rehúsando participar de convocatorias hechas por grupos y personas de nuestras comunidades LGBT que han intentando atacar la dignidad de otr@s compañer@s y organizaciones.
Y así, recuerdo muchas veces en las que me he sentido representado por valientes pioner@s que se han puesto en la línea de fuego para que podamos vivir en libertad.
Nunca he pretendido ser representante de las comunidades LGBT. Simple y sencillamente, he seguido un sólo norte: representar un llamado por la igualdad, una exigencia de justicia, un reafirmar de la dignidad.
En estos momentos en que he sido atacado – falsa y viciosamente – por personas externas e internas de nuestras comunidades LGBT… dejaré que mis acciones hablen por mí mismo. No tengo que explicar lo que ha sido mi lucha.
Lo único que haré es recordar en los momentos en que me sentí representado por valientes luchadores que se expusieron por mí… agradecer su gesta, valorarla, respetarla, rescatarla y emularla.
Porque yo soy ell@s. Porque tod@s somos tod@s.
Es momento de solidaridad, es momento de amar, es momento de unir.
De torcidos y locos…
17-Julio-2009 | EL NUEVO DIA
PEDRO JULIO SERRANO
ACTIVISTA DE DERECHOS HUMANOS
“Torcidos”. “Locos”. Así se refiere el presidente senatorial, Thomas Rivera Schatz, a las familias no tradicionales, con un particular énfasis en las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros y transexuales.
En el pasado aclaró que al decir “torcidos” no se refería a las parejas del mismo sexo, ni a las parejas heterosexuales que conviven sin casarse. En aquel entonces, le exhorté a demostrar que eso no era a lo que se refería y diera paso a las uniones de hecho y al cambio en el encasillado de sexo en el certificado de nacimiento de las personas transexuales, tal y como está propuesto en el borrador del Código Civil.
Pero la realidad lamentable es otra: ahora nos llama “enfermos mentales”. Tal vez no sabe que la Asociación Americana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales desde el 1973, o sea, antes de que yo naciera.
No debo recordarle esta básica función legislativa al Presidente senatorial, pero una de sus obligaciones, sino la más fundamental, es instrumentar la igualdad, no buscar excusas para negarla.
Si Rivera Schatz desea discriminar en la privacidad, está en su derecho, aunque esté mal. Pero en su función pública, tiene que garantizar la igual protección de las leyes a todos los puertorriqueños. Pues nuestra Constitución es clara: garantiza la igualdad a todos. No indica a todos excepto la gente gay.
Está a tiempo de entablar un diálogo con amplios sectores del País que exigen un Código Civil para todos, que exigen una prohibición al discrimen por orientación sexual e identidad de género, que exigen que las leyes no tengan cláusulas discriminatorias, que exigen un gobierno que acoja y respete a todos los puertorriqueños.
Está a tiempo de reconocer la valiosa humanidad de sus empleados, amigos, votantes, vecinos, trabajadores de su campaña, y tal vez hasta familiares, que son lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros.
Está a tiempo de cumplir con su obligación constitucional, pero sobre todo, está a tiempo de hacer un acto moral y noble: respetar a todos, irrespectivamente de su orientación sexual o su identidad de género. Es lo que todo buen puertorriqueño haría.
Pues de torcidos y locos, todos tenemos un poco. Basta ya de homofobia. Sí a la diversidad.
La igualdad se exige de pie…
“Es mejor morir de pie, que vivir arrodillado”, decía el Ché. Y es que nuestra dignidad no se negocia, nuestra identidad no se entrega, nuestra humanidad no se esconde.
Hay un grupo reducidísimo de personas (3 ó 4) dentro de nuestras propias comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT) que a la menor provocación están dispuest@s a negociar, sin condiciones, con nuestr@s opresores.
Están dispuest@s a dejar atrás a las personas transgéneros y transexuales para que la ley proteja sólo a la orientación sexual. Están dispuest@s a aceptar las uniones de hecho como un punto final para nuestras parejas. Están dispuest@s a que el cambio en el encasillado de sexo en el certificado de nacimiento de las personas transexuales se saque del Código Civil.
Están dispuest@s a – falsa y viciosamente – criticar un famoso beso como la causa por la cual no se aprobó el Código Civil en el pasado cuatrienio, en vez de achacar la culpa donde va: en un homofóbico senador, ahora convicto, que no dió paso a la revisión final.
Están dispuest@s a criticar un vídeo que humaniza, que presenta dignamente las voces de las personas transgéneros y transexuales exigiendo ser incluíd@s en el proyecto antidiscrimen, en vez de achacar la culpa de que el proyecto antidiscrimen no sea inclusivo a un presidente senatorial que nos llama “torcid@s” y “enfermos mentales”.
Están dispuest@s a permitir que se legalice el discrimen por orientación sexual e identidad de género al aceptar que el proyecto antidiscrimen tenga una excepción religiosa, en vez de convencer a l@s legisladores de que la constitucional separación de Iglesia y Estado es garantía suficiente tanto para la Iglesia como para el Estado.
No, hombre, no. Ya me cansé de que echen la culpa a quien exige de pie, con dignidad, sin reparos ni aspavientos, la igualdad. La culpa de que seamos ciudadan@s de segunda categoría no la tenemos las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros. Exigir lo que nos corresponde, con dignidad, con respeto, sin miramientos ni contemplaciones, es lo que tenemos que hacer.
No es negociar nuestros derechos, es exigirlos. No es esconder nuestras identidades para ser “tolerad@s”, es celebrarlas. No es criticar a l@s nuestr@s mientras nos defienden de la homofobia cruda, violenta y descarada de aquell@s que tienen la obligación constitucional de instrumentar la igualdad, en vez de buscar excusas para negarla.
Las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros somos tan human@s como las demás personas. Somos tan dign@s como las demás personas. Somos tan puertorriqueñ@s como las demás personas.
La igualdad se exige de pie, de cara al sol, fuera del clóset, sin ataduras ni compromisos, sin paños tibios ni negociaciones, sin límites ni condiciones. Exigimos y lograremos lo que nos corresponde: la igualdad TOTAL, ABSOLUTA, COMPLETA. Ni más, ni menos. Pero lo exigiremos y lo lograremos de pie.