Archivo para diciembre, 2007
La calentura no está en la sábana…
He escuchado en innumerables ocasiones que las comunidades lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT) debemos continuar siendo invisibles y que no mostremos nuestro amor en público para no levantar sospechas. Que no debemos exigir la igualdad absoluta porque pedimos demasiado, que pidamos pocos derechos y nos conformemos con la desigualdad hasta que la sociedad esté preparada, hasta que los polític@s entiendan, y para que l@s fundamentalistas no nos compliquen el panorama. El argumento es que si somos visibles, mostramos nuestro amor y defendemos nuestra dignidad, creamos una reacción alérgica que motiva la intolerancia. El argumento es que si pedimos demasiado, crearán proyectos de ley para negarnos derechos o nos negarán derechos ya negados.
Nada más lejos de la verdad, pues pedir que escondamos nuestro amor, dejándolo siempre para otro lugar y otra hora, va en contra de la igualdad que exijimos, ya que nuestras vidas son tan válidas y maravillosas como cualquiera que disfrutan los heterosexuales.
Ya se ven personas abiertamente lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros en cada esfera de la sociedad. Pero hasta hace poco tiempo ésto no era posible, a estas personas les eran negadas esas oportunidades, y fueron aconsejadas que no era hora ni lugar para exponer su orientación sexual o identidad de género. Afortunadamente existían algunas personas que no se conformaban con vivir en la oscuridad. Felizmente había personas con valentía para enfrentar la ignorancia y la estrechez de mente de algun@s para soñar con un futuro más abierto y libre para tod@s.
Quiero dejar algo meridianamente claro: la culpa de la intolerancia no es de la víctima. No se nos discrimina porque somos humanos y nos comportamos como tal. Se nos discrimina porque existen prejuicios que pretenden negar nuestra humanidad. Se nos discrimina porque hay personas inescrupulosas que se benefician del negocio de la homofobia.
La culpa no es de nuestras comunidades LGBT. La culpa no es nuestra de que se haya presentado un proyecto para negar el cambio en el encasillado de sexo en el certificado de nacimiento de las personas transexuales. La culpa no es nuestra de que se presente una enmienda constitucional para negar todo tipo de derechos a las parejas del mismo sexo, incluyendo la igualdad en el matrimonio. La culpa no es nuestra de que el Código Civil no se atempere para otorgar la igualdad a tod@s l@s ciudadan@s. La culpa no es de las víctimas de la desigualdad, la homofobia, la intolerancia, la discriminación y los prejuicios.
Echarnos la culpa a nosotros mismos es el equivalente a avalar la noción de que la víctima de un ataque sexual se busco la violación por su vestimenta o ademanes. No, señor@s, no. Basta ya de avalar la noción de que somos menos y tenemos que conformarnos con migajas. Nosotros somos iguales y merecemos la igualdad, ni más ni menos, la igualdad. Que en el camino conseguiremos algunos derechos antes que otros, pues por supuesto. Pero no conseguiremos nada si no exigimos lo que nos corresponde, la total y absoluta igualdad.
Tenemos que reafirmar nuestra identidad en cada momento para poder reclamar el respeto a nuestra dignidad. Tenemos que ser visibles para que entiendan que no pueden ignorarnos. Tenemos que demostrar nuestro amor, nuestra identidad para que se reconozca nuestra humanidad. No podemos continuar escondiéndonos y conformándonos con migajas.
Los cambios no se forjaron en el miedo. Los cambios se lograron en la valentía de reafirmar la identidad, la dignidad humana.
Los enredos de la desigualdad…
El revolú que hemos experimentado en torno a la revisión del Código Civil es producto de los enredos de la desigualdad. Ahora mismo no se sabe ni la hora que es. Pues al l@s legislador@s buscar excusas para no legislar la igualdad que constitucionalmente están obligad@s a instrumentar, se crean propuestas desacertadas, contradictorias, confusas, inconstitucionales, inmorales y desiguales. Estos enredos se resuelven fácilmente, de una vez, construyendo un Código Civil para tod@s, pues precisamente esa es la idea, que se atempere este documento que regula nuestra sociedad a las realidades que vive Puerto Rico.
La ironía es que tanto legislador@s como religios@s se han visto obligad@s a reconocer la desigualdad en que vivimos las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgéneros, y hasta las parejas heterosexuales que conviven sin casarse. Sin embargo, motivad@s por su homofobia e intolerancia y por no querer instrumentar la igualdad, se han inventado las uniones de hecho, el pacto civil, las residencias compartidas, las sociedades domésticas, el pacto civil de solidaridad, las uniones compartidas, unos poquitos derechos. Ya no saben que más inventarse.
De la misma forma, para no reconocer que las personas trangéneros tienen que cambiar su certificado de nacimiento para atemperarlo a su nueva realidad, se han inventado que el acta contenga información del sexo biológico de la persona como una nota al calce. Esta inconstitucional propuesta violaría la dignidad del ser humano para someter a esa persona a más estigma, a más discriminación, a más desigualdad. Si el Estado ya le permite legalmente reasignar su sexo o le da la libertad de vivir de acuerdo a su nueva identidad o expresión de género, cómo no le va a permitir que atempere sus documentos legales para que viva su vida de manera ordinaria sin tener que dar explicaciones, con su nueva identidad, respetando su dignidad.
Sin lugar a dudas, ninguna de estas propuestas garantiza la igual protección de las leyes que garantiza nuestra Constitución y l@s legislador@s lo saben. Pero el oportunismo político no les permite reconocer que su mandato es claro: el Código Civil tiene que protegernos a tod@s. Sé que al final del camino, Puerto Rico será para tod@s, pero mientras tanto es lamentable sentir como juegan con las vidas, la salud y el bienestar de miles y miles de personas.
Algún día se reconocerá nuestra humanidad, se nos devolverá el respeto, se reconocerá la totalidad de nuestros derechos, se restaurará nuestra dignidad, se afirmará nuestra identidad, se restituirá nuestra libertad. Mientras tanto, tenemos que seguir luchando esperanzad@s, pues la igualdad es inevitable…